jueves, 26 de agosto de 2010

Mi Musa (I)

Episodio 1


La oscuridad ya se cernía en la ciudad cuando ésta empezaba a iluminarse. Las gentes prendían fuego a su dinero y lo entregaban a los troncos putrefactos para que éstos les dieran calor (las chimeneas escupían sudor y lágrimas a la noche) cuando la Musa se sentó en el sofá raído y rozado por cuerpos carcomidos de miseria.

- Acabas de llegar y ya estás cansada. Siempre has sido una floja, mi Musa. ¿Te acuerdas cuando te conocí? Ibas andando con tus compañeras y una a una te fueron dejando sola para juntarse con otros de más provecho y yo salí a tu paso. ¡Menudo susto me llevé cuando me escupiste a la cara y me dijiste que esa noche no estabas libre! Yo te contesté que sólo quería hablar, expulsar todo mi resentimiento contra el mundo y que para ello no tenías por qué desnudarte.

- Y yo enseguida acepté tus mil francos y subimos a la pensión. Pero date prisa y termina tu historia, tengo frío y no sé cuánto aguantaré en esta maldita habitación.

- La paciencia nunca ha sido tu fuerte pero esa noche demostraste lo contrario y escuchaste todo lo que yo tosía, interrumpiéndome sólo para que te pasara mi pipa de hachís. Mis únicos recuerdos antes de volverme adicto a esa bendita droga eran los gritos de mi padre diciéndome que la vida bohemia me traería problemas, que de ella nada bueno se sacaba. ¡Si me hubiera visto la sonrisa cortada de esa noche y mis dedos llenos de esa hierba se habría tirado al suelo para lamérmelos! Y así fue como te enteraste de todo lo que volvía loca mi mente, de cómo llevaba años buscando una Musa a la que dedicarle uno de mis poemas o, mejor dicho, mi primer poema. Todos mis compañeros tenían a sus Musas, una para cada estación del año y cama sin somier, mientras yo manoseaba a todas y ninguna se pegaba a mí.

- Entonces fue cuando te echaste a llorar ¿no? Nunca en mi vida me reí tanto como esa noche, cuando un loco aprendiz de poeta me convirtió en su Musa. Sentí lástima de ti y me ofrecí para que me compusieras lo más bello que surgiera de tus manos mugrientas. Y así fue como cogiste lápiz y papel mientras yo me desnudaba, y comenzaste a describir todas mis cicatrices, mis llagas, mis desgarros, mi labio partido en dos, mi mirada desviada hacia la oscuridad, mis pezones amputados... Y cuando leí lo que habías escrito entre calada y calada volvieron a mi mente todos esos recuerdos. ¡ Sentí cómo quemaban con el cigarro mi cara, grité al filo de la navaja que seccionaba mis pechos, tragué el whisky que escocía la mordedura que partió mis labios! ¿Y todo para qué?

- Para que pudiera escribir mi primer poema, querida Musa. Esa noche fue la más feliz de mi vida porque pude saber de lo que era capaz. Yo también sentí como la sangre manchaba mis manos y se mezclaba con el whisky en mi garganta pero el hachís me inspiró que debía describir tu cuerpo. Encarnabas todo el ambiente que nos rodeaba a los bohemios, formabas parte de nuestras compañías nocturnas, la miseria y olor a muerte de nuestra sociedad. Porque tú olías a incienso, ¿sabes? Como cada vez que iba a un entierro de algún compañero o lavaba la pipa de hachís en cualquier pila con agua bendita, ese olor siempre estaba allí, recordándome lo que era. El dinero que no tenía, los jirones de ropa que iba dejando en cada cama, los mendrugos de pan que robaba de la boca de los perros; todo eso olía a incienso. No podía dejarte escapar y me hice tu dueño, metiendo en cada poro de tu piel los mil francos que te había prometido, clavándotelos para que al sacártelos recordaras al hombre que te hizo su Musa.

1 comentario:

  1. Otra que me encanto...
    Y cuando leí lo que habías escrito entre calada y calada volvieron a mi mente todos esos recuerdos. ¡ Sentí cómo quemaban con el cigarro mi cara, grité al filo de la navaja que seccionaba mis pechos, tragué el whisky que escocía la mordedura que partió mis labios! ¿Y todo para qué?//
    .... muy bueno.... éste párrafo es muy del estilo que a mi me gusta :P

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